OBSERVANDO PINTURAS ...
Recorriendo exposiciones de pinturas me he puesto a reflexionar sobre lo que me ha producido determinada obra, y quizás sea por un vicio profesional, siempre me atrae el analizar las respuestas técnicas a la que recurrió cada artista. Miro con atención la superposición de las capas de pintura, el tratamiento del soporte, el armado de la estructura subyacente que sustenta la composición. Y también me interesa pensar en por qué me seduce, o no, una obra en particular. Claro está que no es una reflexión muy original ni novedosa, salvo que sí lo es para mi. Porque cada obra se re-crea en la mirada de un nuevo observador. Y permite la evocación. Y la sensación. Y la emoción.
Hay objetos a representar que no le pertenecen a un artista. Es así como la figura humana no compatibilizó con Quinquela Martín, que dedicó casi toda su obra a la labor portuaria, su ambiente, sus construcciones, su clima.

O los elementos de la vida cotidiana agrupados en infinitas combinaciones de bodegones, tampoco se vincularon Eduardo Serón , que recorrió e indagó los laberintos de la geometría más extrema y las posibilidades de las formas puras.

El feliz encuentro entre el tema, su expresión y el artista es una acción intensa, constante, incesante. Tarea laboriosa plagada de desencantos, fallos, aciertos, hallazgos enamoramientos. La fluidez de un trazo, la acertada asociación de los colores, la proporción justa de los elementos representados puede parecer tarea fácil al observador, cuando es lograda. Y este engaño tiene la doble lectura de pensar que el artista la generó en un acto cotidiano, casi rutinario, sin los conflictos internos que debe superar en cada resolución: el tono adecuado, la pincelada de luz, la anécdota del 2º plano...
Y por otro lado, ante la presencia de la obra acabada el suponer que el oficio ajeno no representa grandes dificultados que quien espontáneamente sienta deseos de experimenta con la materia, obtendrá, casi instantáneamente, una resultante digna, equilibrada, expresiva, comunicativa.
La pintura artística no es un oficio simple, como ningún oficio por otra parte. Parte del alma del artista se plasma en sus obras: sentimientos, deseos, placeres, angustias, frustraciones aparecen entre los colores y los trazos. Solo la sensibilidad del observador permite vislumbrar parte de ellos en la observación de una pintura.
Algo similar sucede con otros aspectos de la pintura, donde la relación con el artista se hace más notoria, más empática. El color, que transmite sensación y simbolizan diferentes cosas, según el momento histórico, o el contexto cultural. A más de eso, cada individuo que se enfrenta a la paleta tendrá un vínculo más estrecho con determinada gama, más exitosa que con otra. Lograr la armonía de los campos que cada color determina, es la forma de comunicar que tiene el artista. Y la textura que cada material permitirá mostrar. Dominar la rapidez de secado del acrílico, la escasa capacidad cubritiva de la acuarela, o la posibilidad de incorporar cierto volumen de cada pincelada que propone el óleo, es la resultante de la experimentación y de horas de taller. Hasta que una u otra será la apropiada para ese relato único encerrado en la imaginación de cada pintor.Incluyo un video donde puede apreciarse el trabajo de un artista en la generación de una obra.
Cada nueva obra que veo y me emociona, me remite a reflexiones similares, valorando la capacidad de trabajo, la creatividad la sensibilidad de estos artistas que dejan parte de sí en cada una. Y que permiten compartirla al ser expuestas o legadas.


charlitox dijo
Sin duda sufres "deformación profesional" y por eso tiendes a analizar a fondo cada pintura... Yo soy más impulsivo y me quedo sólo con las emociones que producen en mí, sólo sé si una obra me gusta o no, pero no me detengo a analizar por qué...
Salu2
28 Noviembre 2009 | 06:04 PM