Una visita al Museo de Arte Decorativo FIRMA Y ODILO ESTÉVEZ de Rosario
“La idea de crear un museo es históricamente tan remota como la pasión humana por coleccionar o atesorar objetos, que se remonta a la misma noche de los tiempos”
Francisco Calvo Serraller
Los objetos y su agrupación con criterio selectivo, las colecciones, han fascinado a los hombres desde los más remotos tiempos.
Un individuo, en el transcurso de su vida, reúne, atesora gran cantidad de objetos con valor icónico, valor funcional o con ambas sentidos. Pero la selección que efectúa responde a sus propios y personales lineamientos mentales; son una prolongación de su propia personalidad.
Es en su interrelación que toman significado, y es generalmente la vivienda la que cumple la función de contenedor de estas asociaciones.
Cuando las colecciones, agrupamientos particulares, son lo suficientemente representativos, y se toma la decisión de exhibirlos públicamente, es el Museo el que toma la función de contenedor.
Un caso particular es el que ofrece el Museo de Arte Decorativo Firma y Odilo Estévez, en la ciudad de Rosario, que como es sabido por los ciudadanos, en su origen fue una vivienda particular que luego, por decisión de uno de sus propietarios, se abrió al público. Esto permitió que otras personas pudiesen apreciar y deleitarse con la observación de objetos representativos con el agregado de que el mismo contenedor, la vivienda-museo, tenga valor no sólo contextual sino también referencial de un modo de vida particular en un tiempo histórico determinado, y del que no gran número de personas compartía.
El carácter de “referente” que le reconozco tanto a las colecciones que alberga como al ámbito que las cobija, es lo que hace que haya concurrido y concurra a visitarlo en distintos momentos de mi historia personal, en los que he podido realizar diferentes lecturas cada vez.
Me es sumamente grato y valioso el poder encontrar objetos representativos de diferentes culturas, tècnicas creativas, formas de expresión propias de otras épocas, en un sitio tanto espacial como ambientalmente adecuado. El sólo ingreso al ámbito del Museo Estévez me produce la sensación del paso de la actividad urbana, de la vida cotidiana, representada por la calle Santa Fe, y su ubicación céntrica, a la marcada muestra de la estratificación del tiempo en el interior de éste particular museo donde incluso el recurso barroco del juego de los colores que provoca con la luz natural la lucarna en el salón central, colabora al aislamiento del movimiento exterior. Una actitud cercana a la sacralización hace que por un lapso de tiempo pueda sustraerme de la actividad cotidiana, y me permita realizar algún vuelo imaginario al pasado, a los lugares y momentos en que esos objetos compartían la vida cotidiana de otra época, de otras personas
No obstante el placer que me provoca visitarlo, reconozco que no todas las intervenciones posteriores, que le han dado el actual aspecto, están en concordancia con el espíritu original de la casa. Un aspecto que valoro, y que desearía encontrar es la “permanencia” de las características que le dieron origen al particular conjunto, en este caso las colecciones y el tratamiento decorativo,si no el legítimo, lo más próximo a ello posible. Otro aspecto interesante es el de la información referente al material contenido y a la historia propia de la casa, que sería deseable estuviera más al alcance de quien lo recorre. También el incremento de objetos y datos pertinentes a las colecciones, pero siempre respetando el criterio original de la manera más próxima al “espíritu” al que ya he hecho referencia,
En definitiva creo que podría expresar que lo que me permite el Museo Estévez es un “recurrencia al sitio en busca de referentes permanentes”
Recurrencia, como a un templo, en distintos momentos de mi vida.
Donde el Sitio es, desde ésta óptica, el Museo
Referentes, entendidos como porciones de vida, de historia. Con características de modelos
Permanentes, para poder retornar y encontrar allí lo que hubo, lo que hay y lo que posiblemente se incorpore, pero nunca menos.
Quizás sea por eso se me hacen tan esclarecedoras las palabras de Adam Shaff:...”El individuo particular raras veces es capaz ni está pronto a reconocer que, contempla el mundo a través de la mirada de generaciones pasadas, que sus novedades se asientan sobre un terreno bien determinado del que nadie puede escapar totalmente...”
Silvia A. Bueno
Junio de 1996.



Simon Osorio dijo
Hola, gracias por visitar mi blog y dejar muy buenos comentarios...
Interesante tus artículos, te estaré leyendo.
Saludos
Simón
28 Diciembre 2007 | 01:28 AM